"ENSAYO SOBRE LA FUNDACIÓN Y DESARROLLO DE LA CIUDAD DE GOMEZ PALACIO"
     
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Concierto Centenario de Gomez Palacio | "ENSAYO SOBRE LA FUNDACIÓN Y DESARROLLO DE LA CIUDAD DE GOMEZ PALACIO" | Página 2 | Página 3
 
"ENSAYO SOBRE LA FUNDACIÓN Y DESARROLLO DE LA CIUDAD DE GOMEZ PALACIO"

   
 
PABLO MANCHUCA MACÍAS
MEXICO 1977
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FUNDACION
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En el año de 1883 en un lugar llamado Calera del estado de Zacatecas, fueron unidos los extremos de las vías férreas que en las direcciones norte y sur, venía construyendo desde tiempo atrás, la compañía norteamericana del Ferrocarril Central Mexicano. Al terminarse la red ferroviaria quedó unida la ciudad de México con la frontera norte del país, precisamente con el poblado Paso del Norte hoy Ciudad Juárez.
Los trenes de pasajeros que hacían el servicio regular de cuando en cuando se detenían en la pequeña estación de paso conocida como Lerdo o Santa Rosa, a donde llegaban y salían los viajeros de la ciudad de Lerdo y haciendas circunvecinas. La modesta parada del ferrocarril
dio origen a la fundación de Gómez Palacio.
Al año siguiente, en 1884, frente al paradero dé los trenes se levantaba la pequeña Caseta de madera del telegrafista y casi al mismo tiempo en medio de la llanura donde sólo crecían la gobernadora, huizaches y mezquites apareció una carpa remendada donde se instaló el primer poblador dé esos lugares, que fue Ruperto Enríquez, a más tardé el propietario de esas tierras, Santiago Lavín le regaló un pedazo de terreno donde levantó una casa adobes, probablemente donde después estuvo el mesón del Huizache, porque decían los ancianos que ahí se había construido la primera finca. El mencionado mesón estaba por la actual calle Allende. Enríquez mas tarde recibió el nombramiento de jefe de cuartel., cuando ya había aumentado el número de habitantes.
Después, un español llamado Epigmenio Rodallegas, levantó la segunda casa, donde estableció el primer comercio aprovechando el paso de los viajeros; al poco tiempo se levantaban las fincas de Hugo Franck y Federico Ritter., en cuya época se abrió la primera calle que después fue la avenida Hidalgo y que en la actualidad es la calle Independencia. Poco a poco fueron llegando hombres laboriosos que fueron limpiando de matorrales la llanura, estableciendo sus hogares.
Esos terrenos que se extendían hasta la antigua hacienda de Santa Rosa, pertenecían al latifundio del agricultor español Santiago Lavín, quien dadas las circunstancias, dio facilidades para que se levantara una ciudad. Para el efecto se vendieron lotes sumamente baratos y gran número se regalaron con el compromiso de que, las personas que los recibieran, construyeran sus casas de inmediato, Asimismo se proporcionaron sin costo alguno espacios suficientes a los industriales para que instalaran fábricas. La única condición que puso el señor Lavín para vender y ceder sus terrenos, fue que la futura ciudad debería de llevar el nombre de Gómez Palacio, en recuerdo del licenciado Francisco del mismo apellido, quien había sido gobernador del estado de Durango y colaborador del presidente Juárez en asuntos internacionales; el distinguido abogado duranguense había sido amigo y apoderado de don Santiago y representándolo había ganado un litigio sobre derechos de agua a la Compañía Deslindadora de Tlahualilo.
El ingeniero Laureano Paredes trazó las calles anchas y rectas de la ciudad, así como la alameda y la plaza de armas. Las primeras calles recibieron en su mayoría nombres de lugares y provincias de España y fueron las siguientes: Granada, Escorial, Burgos, Bárcena, Tabernílla, Rascón, Aedo, Ampuero, Donceles, Santa Adela, Cambio, San Lorenzo, Santander, Cerviago, Terragona, Pelayo, San Gabriel, Retiro etc. Otras calles recibieron los nombres de Juárez, Hidalgo, 5 de Mayo, Gómez Palacio, etc.
Fue entonces cuando el señor Lavín cambió su residencia campirana de la hacienda de Noé a la naciente ciudad, construyendo una espaciosa casa que tenía corrales para sus finos caballos,.
Santiago Lavín había nacido el día 25 de julio de 1834, en Aedo provincia de Santander, España. Muy joven vino a México en busca de fortuna y se radicó en la Comarca Lagunera, viviendo la mayor parte de su vida en la hacienda de Noé. De diversas maneras, muchas de ellas censurables, se hizo de una gran riqueza y en 1880 adquirió las tierras que integraron el latifundio del perímetro Lavín que llegó a contar con 18,000 hectáreas, regadas en buena parte por las aguas del río Nazas.
El acaudalado terrateniente falleció en la. ciudad de México el 16 de mayo de 1896 y sus restos descansan bajo uno de los pilares de la capilla que él mismo ordenó se levantara en la gran hacienda de Noé. Al ocurrir la muerte del latifundista, la cuantiosa herencia quedó en manos de sus hijos, siendo nombrado albacea el primogénito Gilberto;
el gran imperio agrícola poco a poco se fue deteriorando ,hasta desaparecer por completo, quizá debido a derroches o mala administración, la gente comentaba al ver el desplome, que lo del agua se había ido al agua.
Posiblemente la antigua hacienda de Santa Rosa fue fundada en 1844, por Juan Ignacio Jiménez, que había rentado ese mismo año a Juan Nepomuceno Flores las tierras laguneras correspondientes al estado de Durango.
Esas tierras que habían sido el escenario de las invasiones de los indios bárbaros del norte, como llamaban a los apaches y comanches ; y años más tarde. Tuvieron combates entre las bandas mercenarias de los señores de la tierra, que luchaban por el control de las aguas del Nazas. La vieja hacienda estaba mas acá de la falda del cerro de Santa Rosa en los terrenos que actualmente ocupan el club y la colonia del Campestre y sus campos de labranza se extendían hasta las tierras bajas de la ciudad de Gómez Palacio. Se decía que hace muchos años esos lugares eran el curso natural del río Nazas; después las crecientes anuales de éste, inundaban la hacienda y las siembras, por lo que optaron por cambiar el casco al actual barrio de Santa Rosa.
En los años veintes se apreciaban aún las ruinas de las casas del antiguo predio agrícola, los restos de las paredes de adobes estaban pintados de almagre que les daban una apariencia de rojo desteñido; en las tapias se albergaban toda clase de alimañas. Contaban los viejos residentes que el presidente Juárez había pasado la noche del 4 de septiembre de 1864 en la hacienda de Santa Rosa, en tránsito rumbo al mineral de Mapimí en su largo peregrinar por los desiertos del norte, poniéndose a salvo del acoso de las fuerzas conservadoras. Una placa de burda mezcla señalaba la fecha del acontecimiento ya inteligible en la pared exterior de la casa donde pernoctó el patricio.
Por el año de 1901, se asentaba en el periódico local El Popular, que la forma de la ciudad de Gómez Palacio, era de un cuadrilátero prolongado de norte a sur sobre una superficie de 4 mil metros de largo y 2 mil 140 de ancho, limitados al norte por terrenos de la hacienda de Noé y al sur por los de la antigua hacienda de Santa Rosa, al este por los de Sacramento y al oeste por Lerdo y las tierras de San Fernando.
En el plano topográfico que el ingeniero Paredes levantó a raíz de la fundación de la ciudad la traza abarca por el norte y poniente hasta el Tajo de San Antonio, al Oriente limitada las vías férreas y al sur por una línea oblicua que más o menos sigue el curso del actual boulevard Alemán. En el plano aparecen como 190 manzanas y 12 del barrio de Santa Rosa. Se necesitaron que transcurrieran mas de 50 años para fincarse totalmente.
Por espacio de algunos años Gómez Palacio fue el cuartel V de la ciudad de Lerdo, hasta que el 18 de noviembre de 1894, se dictó el decreto para convertirla en ciudad sin haber sido villa. Siendo Gobernador del estado de Durango el Señor Manuel Flores, expidió dicho decreto.
Don Santiago Lavín
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Nació el 25 de Julio de 1834, en Aedo provincia de Santander, España. Muy joven llegó a México en busca de fortuna y se radicó en la Comarca Lagunera, viviendo la mayor parte de su vida en la hacienda de Noé. De diversas maneras, algunas de ellas censurables, se hizo de una gran riqueza, adquiriendo en 1880 las tierras que junto con otras formaron el latifundio del Perímetro Lavín que llegó a tener 54 mil hectáreas, de ellas 18 mil laborables rogadas por el río Nazas. Esto dio motivo a que la parentela cercana y lejana de don Santiago abandonara sus regiones y llegaran a la tierra de promisión lagunera, a todos sus allegados los ayudó y los más emprendedores aparecieron como triunfadores en el comercio y la agricultura, cooperando al desarrollo de la ciudad.
El acaudalado terrateniente falleció en la ciudad de México el 16 de mayo de 1896 a la edad de 62 años, sus restos fueron traídos a la hacienda de Noé y sepultados tajo los pilares del altar mayor de la capilla que con relativo lujo ordenó se construyera en la mencionada hacienda. Mucho tiempo después, probablemente en los años veintes, los restos del señor Lavín fueron exhumados y enterrados en el templo de Guadalupe de Gómez Palacio.
La hacienda de Noé era la capital del enorme latifundio, tenía bodegas para almacenar las cosechas anuales que se levantaban en sus extensas tierras de siembra, llegando a tener tanta importancia que la compañía del ferrocarril se vio obligada a nombrar un jefe de estación para que se encargara del manejo de los embarques en decenas de furgones de los productos agrícolas. Además, en la hacienda había corrales donde apacentaban cerca de mil mulas y en sus patios se apilaban grandes cantidades de aperos de labranza. Venía siendo en cierto modo el centro proveedor del área.
Al ocurrir la muerte del potentado, la cuantiosa herencia pasó a manos de los hijos quedando como albacea don Gilberto que era el primogénito. Los otros hijos fueron:
Alejandro, Asunción, Romana, Manuela, Modesta y Pablo y la madre de ellos fue la señora Dorotea Veloz originaria de Lerdo.
El latifundio que operaba con el nombre de Compañía Agrícola del Perímetro Lavín y Anexas, comenzó a tener problemas hasta desaparecer por completo. Había conseguido un fuerte préstamo de 5 millones de francos en París con la Societé Francaise pur Industr de Mexique formada con tal objeto, para continuar trabajando las tierras, así como poder refaccionar a los agricultores a quienes les rentaron parte de ellas para que las cultivaran; pero al estallar la Revolución los peones abandonaron las faenas en los campos para unirse al movimiento, y al no haber cosechas, los hacendados no pudieron cubrir los adeudos contraídos. La empresa se declaró en quiebra, siendo embargada por los banqueros franceses representados por el señor Federico Larriva, terminando su liquidación uno de los bancos regionales. La gente comentaba al ver el desplome del imperio agrícola, que lo del agua se había ido al agua.
Una calle de la ciudad lleva el nombre de Santiago Lavín, recordando al hombre audaz que de la nada formara un latifundio de buenas tierras, de haciendas y ranchos, donde fue amo y señor por largos años hasta que la muerte truncó su existencia. Sin embargo, a pesar de todo, don Santiago mereció el cariño y respeto de los antiguos pobladores, y merece ser recordado por las actuales generaciones, porque a él se debe la fundación de Gómez Palacio.
La Zapatera.
Pasando el canal de San Antonio, al lado derecho de la vía de los trenes eléctricos rumbo a Lerdo, había una pequeña caseta de madera llamada estación Cunard, al frente de ella, después de cruzar unas arboledas, estuvieron las instalaciones de la curtiduría y fábrica de calzado de La Unión S. A., que se terminaron de construir el mes de noviembre de 1901, en una extensión de 60 mil metros cuadrados.
El edificio donde estaban las oficinas de la compañía se veía rodeado de árboles y jardines y en parte por una balaustrada de piedra. En la parte de atrás quedaban los departamentos de la factoría: el de curtiduría con 86 pilas que tenían capacidad para 100 pieles cada una, los locales de infusión y adobo, almacenes y bodegas de pieles, materiales curtientes y cortes de encino para hacer hormas y la fábrica de calzado cuya moderna maquinaria era movida por vapor.
El gerente de La Unión era Francisco Macmanus de origen norteamericano, al igual que los técnicos y jefes de departamento. La producción mensual dé la empresa zapatera en el año de 1902, era de 3 mil pieles de res, 2 mil de pelo y 15 mil pares de calzado de diferentes clases.
La Unión S. A. era propiedad de una sociedad que en la ciudad de Durango se había formado el día 24 de marzo de 1900, con los siguientes socios: Francisco Asúnsolo Xavier Icaza y Landa, Lic. José María Luján, Lic. Angel López Negrete y Julio Luján. Poco tiempo después ingresaron a la compañía el Lic. Pedro Alvarez, Francisco Salcido y el Lic. Ramiro de la Garza.
La construcción de las instalaciones de La Unión, dieron principio el lo. de diciembre del año de 1900 y como se ha dicho se terminaron al año siguiente. Posteriormente la empresa manufacturera de zapatos fue adquirida por la compañía norteamericana de la Cunard Shoe and Leather Co., comenzando a hacer algunas modificaciones e introduciendo más maquinaria y más moderna. Se decía que el principal propósito de la nueva compañía era fabricar calzado de mejor calidad, y una de las marcas que fabricaba o iba a fabricar era la Florsheim. Pero un incendio casi acabó con la factoría, salvándose únicamente el departamento de hormas; sobre cuando y quien provocó el siniestro de la zapatera hay serias discrepancias; unos aseguran que el incendio fue en 1910 y el autor había sido un peón norteamericano de color que trabajaba en la estación de los ferrocarriles; otra versión es que había sido provocado por los Orozquistas en 1913, en su huida al ser derrotados en los combates del cerro de La Pila por los revolucionarios y una tercera versión era que los autores del incendio fueron los villistas. Probablemente esta última haya sido la versión verdadera porque en el año de 1927, un grupo de norteamericanos presentaron al Gobierno Mexicano una reclamación por 39 mil 966 dólares, por daños causados por las fuerzas del general Villa, al incendiar la fábrica de calzado de la Cunard Shoe and Leather Co., en el año de 1913; naturalmente que la reclamación fue rechazada por el presidente Calles.
La gran extensión de terreno que ocupaba la zapatera, actualmente sirven de asiento a las dependencias del Instituto Francés de La Laguna.
Santa Rosa.
Posiblemente la antigua hacienda de Santa Rosa, haya sido fundada en 1844 por don Juan Ignacio Jiménez, que en ese año había rentado al señor Juan Nepomuceno Flores las tierras laguneras pertenecientes al estado de Durango. Esas tierras que fueron el escenario de las invasiones de los indios bárbaros del norte como llamaban a los comanches y a los apaches de Jerónimo; donde años después tuvieron lugar las luchas entre las bandas mercenarias de los señores de la tierra que peleaban por el control de las aguas del Nazas. Se decía que don Santiago Lavín construyó la presa y el acueducto de Santa Rosa -- canal de La Línea--para acaparar más agua, teniendo por ello serias dificultades con los rancheros de la parte de Coahuila, finalmente el asunto se arregló con la intervención de los abogados Sariñana y Vallarta,
La hacienda de Santa Rosa estaba situada abajo y a lo largo del cerro del mismo nombre, en los terrenos que actualmente ocupan parte del club y colonia de El Campestre; sus campos de labranza llegaban más acá del tajo de La Línea por un lado, y por otro hasta los linderos de las tierras bajas que después formaron parte de la ciudad de Gómez Palacio. Se contaba que hace muchos años esos lugares fueron el curso natural del río, que después la corriente fue desplazándose hasta pasar entre los cerros, donde se levantó la presa de Calabazas. Las crecientes periódicas del Nazas inundaban parte del caserío de la hacienda poniendo en peligro la seguridad de sus habitantes, viéndose obligados a cambiarla al actual barrio de Santa Rosa.
La vieja hacienda de Santa Rosa, era el paso lógico de las conductas y carruajes que hacían la travesía de Saltillo al pueblo de Nazas situado en la ribera del río del mismo nombre, y viceversa, o bien que viniendo de esos lugares continuaban su camino al norte por la ruta de Mapimí que era poco transitada porque en el territorio del Bolsón de Mapimí merodeaban los indios, esperando el paso de los viajeros para asaltarlos.
En la tarde del 4 de septiembre de 1864, llegó a Santa Rosa un carruaje cubierto de polvo con los caballos sudorosos y cansados, venía escoltado por un regimiento de jinetes republicanos. Del coche descendieron cuatro personajes de aspecto grave, preocupado, ellos eran: el Presidente de la República Benito Juárez y los ministros Guillermo Prieto, Sebastián Lerdo de Tejada y José María Iglesias.
Los viajeros fueron alojados en la casa grande de la hacienda, con las modestas comodidades que podría proporcionar un lugar tan alejado de las poblaciones. Los altos funcionarios venían huyendo de la persecución de las fuerzas francesas y conservadoras. Al día siguiente llegaron por distintos rumbos los generales Patoni, González Ortega y Alcalde con sus respectivas tropas. Reunidos los militares con el señor Juárez y sus ministros, dieron forma al Decreto de Santa Rosa que acordaba la creación del Cuerpo Expedicionario de Occidente con las fuerzas que habían llegado, para marchar de inmediato sobre la ciudad de Durango que tenía tiempo en poder de los franceses. Al día siguiente de la salida de las tropas, el 7 de septiembre la comitiva que representaba los poderes de la Nación, temprano continuó su peregrinar rumbo al norte llegando al anochecer de ese mismo día, al importante poblado y mineral que en aquellos años era Mapimí.
Otro hecho digno de mencionarse sucedió en Santa Rosa vieja, fue el nacimiento del que años más tarde fuera el destacado músico Melquiades Campos Esquivel, director de bandas militares de mucha resonancia en el país y en el continente. El maestro Campos Esquivel nació el 10 de diciembre de 1878 y es considerado como uno de los grandes músicos del estado de Durango.
También en Santa Rosa ya en ruinas, se reunían algunas veces los revolucionarios de 1910 a celebrar sus juntas secretas y ahí enterraron las armas en los días de la conspiración. En la noche del 20 de noviembre de ese mismo año, de sus escombros salieron alrededor de 40 hombres levantados en armas contra el gobierno porfirista.
Todavía por los años veintes, se mantenían en pie las ruinas de las casas de la vieja hacienda, los restos de las paredes carcomidas por el paso del tiempo estaban pintadas de almagre que le daban la apariencia de un rojo desteñido.- Una placa de burda mezcla colocada en la parte exterior de la pared que posiblemente perteneció a la casa grande, señalaba borrosamente la fecha de la permanencia del presidente Juárez y sus acompañantes. Las tapias de adobes de Santa Rosa emergían en medio de huizaches, mezquites y plantas silvestres que crecían en el terreno ya pedregoso, donde vivían toda clase de alimañas. Era el paraíso de los muchachos cazadores de lagartijas, ardillas y camaleones.
La ciudad que no es.
En 1901, se asentaba en el álbum publicado por el periódico El Popular, que Gómez Palacio tenía entonces la forma de un cuadrilátero prolongado de norte a sur sobre una superficie de 4 mil metros de largo y 2 mil de ancho, limitados al norte por terrenos de la hacienda de Noé y al sur por los de Santa Rosa vieja, al este por los de Sacramento y al oeste por Lerdo y la hacienda de San Fernando.
En el plano topográfico que el ingeniero Paredes levantara con motivo de la fundación de la ciudad, la traza abarcaba por el norte y poniente hasta el canal de San Antonio, al oriente limitada por las vías del ferrocarril y al sur por una línea oblicua que más o menos sigue el curso del actual bulevar Miguel Alemán. En el mencionado plano aparecen 190 manzanas y 12 del barrio de Santa Rosa que necesitaron más de 50 años para poblarse.
Por algún tiempo, Gómez Palacio fue considerado el cuartel V dependiente de Lerdo, a pesar de que ya era una ciudad hecha y derecha más importante que la cabecera del partido de Mapimí. Gómez no pasó por el natural proceso de ranchería y villa, sino desde un principio su rápido crecimiento le dio perfiles de ciudad, nombramiento que parece legalmente no le ha sido otorgado por el congreso local del estado de Durango. Cuando el gobernador en 1887 dio su aprobación para que la futura población recibiera el nombre de Gómez Palacio a pedimento de don Santiago Lavín no se sabe si la cámara de diputados aprobara o no el decreto respectivo, lo cierto es que no fue publicado. Sin embargo, ya en 1890 Gómez Palacio estaba reconocida como ciudad, según se desprende por el decreto 103 publicado ese mismo año que literalmente dice: "La Legislatura del Estado de Durango a nombre del pueblo decreta:
Articulo único. Se exceptúa por el término de cinco años contados desde la promulgación de esta ley, del pago de contribuciones ordinarias del capital urbano de la población de Gómez Palacio del Partido de Mapimí. El Gobernador del Estado dispondrá su publicación, circulación y observancia. Victoria de Durango, Marzo 17 de 1890." Firman los diputados Cipriano Guerrero, Martín Gómez Palacio y Salvador Fernández. Al vencimiento se prorrogó esta disposición por cinco años más según el decreto 14 publicado el 28 de noviembre de 1894 firmado por los diputados L. Álvarez, Salvador Fernández y Manuel Bermúdez.
El 18 de diciembre de 1905 fue aprobado por el congreso local el decreto 60 donde se señala la formación de nuevos municipios en el estado de Durango. En el artículo primero dice: "La municipalidad de Lerdo se divide de la de Gómez Palacio y mas abajo lo especifica de la siguiente manera:
"La Municipalidad de Gómez Palacio comprende su cabecera la ciudad de Gómez Palacio. Haciendas: Cuba Libre, Noé, Providencia, Relámpago, Sacramento y San José. Ranchos: Allende, Arcinas, Berlín, Berreña, Carranza, Compás, Carrizal, California, Cariño, Compuertas, Crucero, Dolores, Denver, Filadelfia, Glorieta, Gazape, Grande, Huertas, Huitreño, Joló y Bailén, Jiménez, Jerusalén, Leocadias, Lucero, Miramar, Manila, Media Luna, Nuevo Mundo, Numancia, Palo Blanco, Purísima, Perú, Paz, Recuerdo, Retoño, Rinconada, Renoval, Santa Rosa, San Ramón, San Sebastián, San Alberto, Santa Cruz, San Antonio, Santander, Santa Clara, San Gregorio, Santa María, San Ignacio, Santoña, San Pedro, Santa Elena, Sagunto, Salamanca, Transporte, Tamboriusillo, Tres Picos, Tenoxtitlán, Vergel y Venecia.
Establecimientos industriales: Fábrica de Dinamita, La Unión Fábrica de Calzado, La Amistad Fábrica de Hilados y Tejidos, Fábrica de Cigarros de Hoja de Maíz, Fábrica de Cerillos y de Ladrillos. Estaciones de ferrocarril: Brittingham, Gómez Palacio, Noé y Santa Clara del Ferrocarril Central." Se olvidaron hacer mención de la Fábrica de Jabones La Esperanza.
Los decretos dados a conocer, son los únicos que se encuentran en los archivos de la cámara de diputados del estado de Durango que tienen relación con Gómez Palacio hasta 1905. Por lo tanto, queda la duda, ¿legalmente Gómez Palacio es ciudad?
La Amistad S.A.
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En una área cíe 72 mil metros cuadrados, comprendidos por un lado la calle Santander, Santiago Lavín-hasta el tajo de San Antonio y por el otro de la calle Gómez Palacio -Morelos-- hasta el mismo canal, se levantaban las instalaciones de la gran fábrica de hilados y tejidos de la Amistad . Ocupaban el espacio de seis manzanas, dos de ellas de trazo irregular más grandes que las normales, porque el tajo de San Antonio daba vuelta a la derecha al final de la barda norte de la factoría.
Caminando por la calle Bárcena --Hidalgo-- al llegar a la Santander haciendo esquina, al lado izquierdo, estaban los departamentos fabriles y a mano derecha las casas donde vivían desde el gerente Santiago Prince, empleados y cerca de los mil obreros que prestaban sus servicios en la fábrica. Las casas de los trabajadores se ubicaban en manzanas divididas por callejones angostos.
La calle Juárez ---Constitución-- quedaba cerrada a la altura de la Bárcena, porque ahí precisamente se levantaba el edificio de dos pisos de ladrillos rojos y adornos blancos de cantera donde estaban las oficinas de la compañía . Ese edificio había sido construido por el ingeniero norteamericano J. A. Kissinger en el año de 1900. El interior del local tenía pisos de mosaico, las puertas, ventanas y pasamanos de la escalera eran de caoba: por las noches las oficinas se iluminaban eléctricamente . Afuera frente al edificio, crecían grandes fresnos y había trancas de madera., a donde los clientes amarraban sus cabalgaduras y los cocheros
Los caballos de los carruajes. En la parte superior de la finca, había medallón de cantera que tenía esculpida dos manos entrelazadas que es el emblema de la amistad.
Como se ha dicho, en la esquina de las calles Santander y Bárcena al lacio izquierdo ocupando toda la manzana y cerrando la calle Burgos ? Mina --, estaban los telares donde se fabricaban mantas, imperiales, cretonas, etc. Y se había levantado en la manzana de a lado un departamento de bonetería, de salones de techos de lámina sostenidos por arquitrabe y columnas de hierro; en otras secciones se hacían diferentes clases de labores con máquinas cardadoras, "aradoras y picadoras, de tintes y secadoras.
En la parte de atrás, en el ángulo que hacía el tajo de San Antonio, estaban las bodegas y los patios donde se extendían las vías angostas del ferrocarril Decauville de pequeños carros impulsados a mano, para diferentes maniobras de acarreo. Una espuela ferroviaria llegaba hasta ,los patios de la fábrica desde la estación y diariamente se veía a la máquina mocha remolcando furgones , ya de ida, ya de vuelta.
La Amistad se fundada el año de 1887 por Santiago Prince, Miguel Torres y el Dr. Cosme Prince ; la razón social de la compañía era Prince, Torres y Prince. Comenzó a trabajar con 32 telares y en 1900, ampliándose la fábrica ya contaba con 450; sus productos eran de gran calidad, apreciados por todo el país , teniendo mucha demanda; se habían transformado en una de las fábricas textiles más importantes de aquella época, llegando a ocupar en años subsecuentes hasta 2 mil obreros en tres turnos, incluidos los aprendices.
Aparte de los talleres de mantenimiento, La Amistad tenía una pequeña fundición y las calderas de la planta propia trabajaban día y noche, para dar movimiento a las máquinas tejedoras y a todas las demás que eran necesarias. Asimismo, contaba con grandes tanques de almacenamiento de agua extraída de una profunda noria. Era tan abundante el agua, que sobraba para regar los jardines de la cercana plaza de armas, hasta donde se había extendido una tubería. Por cierto que en ese paseo municipal, las noches de serenata tocaba la banda de música integrada por obreros de la factoría. A esas audiciones concurrían casi todos los habitantes de la ciudad.
Actualmente, aún se conservan restos de los edificios de la fábrica, donde estaban los telares; ahora son bodegas y se ha establecido una tienda para los empleados del ISSSTE.
LA JABONERA
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En el año de 1884, el norteamericano Juan Brittingham en sociedad con Juan Terrazas, tenía una fábrica de jabón en la ciudad de Chihuahua. Con el objeto de ampliar sus actividades el señor Brittingham y Francisco Balden, consolidaron todos los molinos de aceites y fábricas de jabón, que estaban diseminados en los estados del norte, en un sólido consorcio y unidos con los propietarios de las grandes haciendas algodoneras de la región lagunera, formaron la poderosa empresa que inició sus labores en 1892, con el nombre de Compañía Industrial Jabonera de la Laguna S. A.
El sindicato empresarial instaló en la ciudad de Gómez Palacio las oficinas generales de la compañía y levantó la fábrica de aceites y. jabones de La Esperanza. Además de esta factoría el consorcio contaba con las fábricas La Favorita, La Nacional, El Porvenir y la Estrella del Norte, situadas en los estados de Coahuila y Chihuahua.
Las plantas locales de la compañía, estaban dentro de una extensión de terreno de 200 mil metros cuadrados, ubicados frente a la estación de los ferrocarriles, al lado derecho de las vías férreas. Ahí se levantaron las fábricas de jabones y de glicerina, el molino de aceites para la industrialización de la semilla de algodón y se instaló el primer despepite que hubo en el país. Años más tarde se construyó una planta de silicato y otra de caustificación de sosa.
En el año de 1900.- La Esperanza producía 75 mil cajas de jabón anuales y la fábrica de glicerina mil toneladas. Por su parte, el molino de aceites 300 toneladas diarias. Por muchos años, el grupo industrial lagunero era considerado el más importante en su género de toda la América Latina; sus productos industriales se exportaban a los países de América Central y del Caribe.
El gerente general de la Compañía Industrial Jabonera de la Laguna era Juan Brittingham. Hombre de empresa de gran visión, a él se debió principalmente la integración del que fuera gran complejo industrial, siendo el pionero del beneficio de la semilla de algodón, la que antes se quemaba, al no contar con plantas para aprovecharla.
También don Juan fue el pilar para la fundación de la fábrica de explosivos que se instaló en Dinamita, Dgo. De donde partía el ramal ferroviario de la vía central a ese poblado, se llama estación Brittingham en recuerdo del industrial norteamericano.
Al lado derecho de las fábricas, en medio de tupidas arboledas y campos de verde césped, se edificaron los chalets que formaron la colonia de los empleados, que contaban además con casino, albercas, mesas de tenis y un bonito campo de béisbol donde los domingos en el verano, jugaba la novena integrada por empleados y obreros de la compañía, Apartada, en el fondo del lado izquierdo estaba la casa grande donde vivía la familia Brittingham, rodeada de pasto y pintada de blanco; todo el conjunto daba la impresión de encontrarse en una colonia inglesa de las plantaciones de allende el mar.
Por el otro lado, a la izquierda de las factorías, quedaron las casas de los obreros conocidas como las cuadras, que a su vez contaban con escuela primaria, a la que concurrían a clases los hijos de los trabajadores, inclusive los de los empleados. También tenían un amplio salón para reuniones familiares. Años después, los obreros formaron una banda de música patrocinada por la jabonera. Cuando llegó el cine mudo, en la explanada de la puerta principal de las fábricas, dos veces por semana se exhibían películas gratuitamente, la gente concurría con entusiasmo llevando sillas y bancos para sentarse y llamaba a esas funciones el "cine goyo".
También la compañía había construido un eficiente hospital que proporcionaba atención médica a sus trabajadores y familiares.
Las fábricas daban ocupación normalmente a cerca de mil obreros y en época de la molienda de la semilla de algodón, se duplicaba el número en los tres turnos.
En el mes de abril de 1899, la jabonera sufrió un incendio que afortunadamente no fue de graves consecuencias, en ese mismo año La Amistad sufrió otro incendio que acabó con algunos departamentos. Por lo que ambas compañías de común acuerdo, para preveer futuras contingencias y para contar con suficiente agua, construyeron en la parte alta del cerro de Trincheras hoy conocido como de La Pila, un gran depósito de cal y canto, que almacenaba
un millón 500 mil galones de agua que subía y bajaba en sendas tuberías de 6 pulgadas de diámetro. La Pila en cuestión era alimentada por una noria al pie del cerro por medio de potentes bombas accionadas por vapor.
Sin duda, que el señor Brittingham era un ciudadano ejemplar, estimado por ricos y pobres; siempre preocupándose por el bienestar de sus trabajadorés en particular y por las necesidades de la población. Fue un factor decisivo en el florecimiento de Gómez Palacio a principios del siglo, alentaba con sus consejos a los nuevos industriales que se establecían, su compañía abrió la acequia municipal qué atravesaba la población, formó la modesta empresa de tranvías de mulitas y de la planta eléctrica para el alumbrado público, cooperó con buena cantidad de dinero para la construcción del templo de Guadalupe de ladrillos rojos, que se levantó en el lugar donde antes estuvo la humilde parroquia de adobes, construida en 1893 por el acaudalado español Feliciano Cobián. También, gracias al señor Brittingham se debió la fundación del Club Lagunero, este centro social fue inaugurado en el año de 1908, es un edificio qué originalmente estaba revestido de ladrillos blancos echados a perder al enjarrardos de mezcla; el Lagunero era el lugar favorito donde se reunían las familias acomodadas de la época, contaba con dos amplios salones para reuniones y bailes y una bien amueblada biblioteca, desgraciadamente el centro social ha venido a menos; parece que ya no existe la sociedad que lo sostenía y lo manejaba.
Después de residir muchos años en la ciudad que tanto ayudó y quiso, Juan Brittingham liquidó sus negocios y cambió su residencia a la ciudad de Monterrey, donde continuó impulsando el establecimiento de nuevas industrias; regresando finalmente a los Estados Unidos donde falleció en el año de 1939. Ni duda cabe, que Gómez Palacio está en deuda con su benefactor al no recordarlo de alguna manera.
No tan sólo los señores Lavín y Brittingham son merecedores de la gratitud citadina; también hubo otros hombres que ayudaron al desenvolvimiento de la ciudad como Oscar Fránck, Santiago Prince, Miguel Torres, -Juan Salcedo, etc.
Don Juan Brittingham.
Fue durante muchos años el gerente general de la Compañía Industrial Jabonera de La Laguna. Personaje emprendedor, de gran visión para los negocios industria-les. Dedicó parte de su vida a organizar y establecer fábricas en diversos lugares del norte de México, dejándolas funcionando. Nació en Estados Unidos el 6 de diciembre de 1859, en Memphis, Tenn.
Al señor Brittingtam se debe la integración del que fuera importante complejo industrial lagunero, del que era principal accionista. Fue el primero en el país en instalar despepites para beneficiar la semilla de algodón, levantando molinos para extraer el aceite a la mencionada semilla, que antes servía de combustible a las calderas de vapor. También a él se debe principalmente la fundación de la fábrica de explosivos y dinamita que se localiza en uno de los cañones de la sierra del Sarnoso. De donde arranca el ramal del Ferrocarril Central a la factoría recibió el nombre de estación Brittingham en recuerdo del industrial norteamericano.
Sin duda, que don Juan Brittingham fue un hombre apreciado por todos sus conciudadanos ya fueran ricos o pobres; siempre se preocupó por el bienestar de sus trabajadores en particular y por las necesidades de la población. Fue un factor decisivo para el florecimiento de Gómez Palacio a principios del siglo, alentaba con sus consejos a los nuevos industriales que llegaban a establecerse, su compañía abrió la acequia municipal que atravesaba la ciudad y que fue tan útil para regar árboles de las calles y los jardines públicos; formó la modesta empresa de tranvías de mulitas y la pequeña planta eléctrica para el alumbrado de las pocas calles de entonces, cooperó con buena cantidad de dinero para la construcción del templo de Guadalupe y gracias a el, se pudo inaugurar el Club Lagunero en 1908, adquiriendo gran número de acciones.
Por espacio de 87 años, todos los días de la semana menos los domingos y días festivos, se escuchó el ronco silbato de la jabonera llamando tres veces diarias a sus trabajadores. Algunos viejos aseguraban que el mencionado silbato perteneció a un buque de carga, del que era capitán el señor Brittingham en su juventud, habiendo recorrido en él, los siete mares.
Después de residir muchos años en la ciudad que tanto ayudó y quiso, don Juan a mediados de. los años 20 liquidó sus negocios y abandonó la región estableciéndose en Monterrey y tiempo después se fue a Tijuana; en esas poblaciones continuó sus actividades industriales organizando fábricas. Finalmente regresó a Estados Unidos donde falleció un día de 1939.
Ni duda cabe, que Gómez Palacio está en deuda con su benefactor al no recordarlo de alguna manera, es triste decirlo pero nadie se preocupó por remediar esa injusticia. Pero no sólo los señores Lavín y Brittingham son merecedores de la gratitud ciudadana, también lo merecieron los señores Óscar Francke, Miguel Torres, Santiago Prince, Juan Salcedo y otros más. Fueron de los primeros pobladores, y que en una forma o en otra ayudaron al desarrollo de la ciudad.
La acequia municipal.
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Parrafo
Las calles.
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Habían comenzado a levantarse viviendas y comercios, las manzanas se iban llenando y las calles tomaban forma. Las calles eran anchas y rectas de amplias banquetas, como nunca antes se habían visto en parte alguna del país. Gran parte de los primeros habitantes eran españoles, recios aventureros que abandonaron todo asentándose en esta tierra para siempre; fue natural que las calles que se iban abriendo recibieran nombres españoles que les recordaban sus lugares de origen y así aparecieron: Ampuero, Aedo, Rascón, Bárcena, Burgos, Escorial, Donceles, Granada, Santa Adela, Cambio, San Gabriel, Santander, Cerviago, Tabernilla, Retiro, Sol, San Lorenzo, Terragona y Pelayo. Otras calles recibieron nombres nacionales: Hidalgo, Juárez, Gómez Palacio y 5 de Mayo.
Por aquellos lejanos años, aún no se usaba el pavimento que todos conocemos, en su lugar en las calles se colocaban pequeñas piedras llamadas bola, solamente estaban empedradas unas cuantas calles del centro, con piedras pequeñas, lisas, rodadas muchos veranos por las aguas del Nazas, de cuyo lecho provenían. El empedrado se veía bien hecho, con las piedras ovaladas pegadas pacientemente unas con otras, y a los lados descendía hasta el declive del cordón de las banquetas de losas disparejas formando una atarjea por donde corrían las aguas de las lluvias, a partes más bajas.
Las calles empedradas formaban un cuadro que abarcaba de la avenida Hidalgo a la Retiro, y de Aedo a la Burgos; también estaban empedradas las calles que rodea. han el mercado, tramos de la Aedo y Rascón, de los comercios y frente al teatro Unión. Las demás calles eran de tierra suelta, cuando hacía aire se levantaban tolvaneras y al llover se formaban lodazales y charcas que tardaban en evaporarse. Los vecinos que vivían cerca del rumbo de la acequia, aprovechaban sus aguas para regar el frente de las casas hasta media calle.
Por la zona empedrada de las tiendas, se notaba mucho movimiento por las calles: pesados carros de carga, guayines y carretones llevaban mercancías de los almacenes a los comercios y por las aceras era un ir y venir de gente ocupada en sus asuntos.
A fines del siglo pasado, el área fincada comprendía once calles de oriente a poniente del tajo de San Antonio a la de Pelayo, y doce de norte a sur de la Ampuero al camino real. Numerosas manzanas de la orilla tenían una o dos casas y en el centro había algunos solares.
Templo de Guadalupe.
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Debido al empeño de las señoras Bruna Fierro y la viuda de don José María Lavín, en 1893 se inició la construcción de una humilde capilla de adobes, que más tarde se terminó con dinero aportado por el hacendado Feliciano Cobián. Las mencionadas señoras lograron que los Lavín, cedieran el terreno donde actualmente se levanta el templo de Guadalupe en contra esquina de la plaza de armas, ahí fue donde se Construyó la capilla.
En una investigación que al respecto realizara el doctor Carlos González Puente, dice lo siguiente: ?La antigua capilla era un verdadero bodegón, con paredes de adobe enjarradas con masilla y pintadas de azul claro. El techo era de tablitas clavadas sobre vigas, muchas de las cuales no eran sino troncos de mezquite apenas descortezados. Sobre las tablas citadas, que en realidad eran simples rejas de madera sin labrar de unos 50 centímetros, estaba una capa de tierra. Estos techos todavía se ven en construcciones antiguas, y en casas modestas siguen usándose. Claro que con los años, paredes y techos fueron deteriorándose y en 1896 la capilla se encontraba en pésimas condiciones. Los muros descascarados, llenos de remiendos y la mayor parte desnudos. El piso que era de ladrillo corriente, se encontraba ?por los faltantes? lleno de agujeros y desnivelado por todas partes. El techo que había sido reparado varias veces con tablas o carrizos y lodo, se tupía constantemente goteándose cuando llovía, al grado que unas imágenes se estropearon entre ellas una estatua de San José que decían tenía cierto mérito.?
Dos pequeñas campanas sordas, al son de sus tañidos llamaban a los feligreses a misa o al rosario a cargo del sacerdote apellidado Garbuno. Algunos antiguos vecinos manifestaban que al principio las llamadas a la capilla las hacía el sacristán golpeando con una gruesa varilla de hierro un pedazo de riel colgado de una viga. Cuando desapareció la capilla, las pequeñas campanas sordas se siguieron usando por algunos años en el salón anexo a la iglesia de Guadalupe, avisando a los muchachos que era la hora de la doctrina.
En vista del aumento acelerado de habitantes, el 21 de diciembre de 1901 por decreto del entonces obispo de Durango Santiago Zubiría y Manzanera, la capilla dejó de pertenecer al curato de Lerdo, siendo elevada a parroquia bajo el cuidado del canónigo Ignacio Valdespino.
Los católicos citadinos preocupándose por tener una verdadera iglesia para la celebración de sus ritos, iniciaron una entusiasta campaña para reunir fondos suficientes para construirla. Las cantidades recogidas se fueron depositando en el Banco Minero. Acerca de esto el doctor Carlos González Puente añade lo que a continuación se dice:
?Al llamado del cura y por medio del comité de damas y caballeros, se comenzó la edificación de la nueva iglesia, obsequiando materiales casi todos los industriales y comerciantes locales. La escuelita de niñas ?la única que había? ofreció cooperar y la directora Paula Ríos organizó al alumnado para ese objeto, encargando a las niñas que trajeran de su casa un costalito, y cada tarde salía el grupo en formación rumbo al cercano tajo de San Antonio, donde las niñas llenaban el costalito de arena la cual paleaba don Regino el mozo de la escuela. Algunas niñas en vez de costal llevaban un botecito, una jarra o una tina, al volver del tajo desfilaban delante de la parroquia depositando el material, reuniendo con el tiempo un buen montón de arena. Otras veces iban al cerro de La Pila y traían pequeñas piedras, en esos menesteres duraron dos años o más, por lo que puede formarse una idea de cuánto material acarrearon las chiquillas. Todos esos datos que he dado a conocer, respecto a la iglesia y la escuela, me los proporcionó mi señora madre que tiene ahora ?1978--? 94 años de edad, por 10 que resulta notable su recuerdo.?
Reunida regular cantidad de dinero, aumentada por la generosa aportación de don Juan Brittingham, más los materiales obsequiados por los pudientes, en 1903 dieron principio las obras del actual templo de Guadalupe, bajo la dirección del maestro albañil Rito Mendiola. Los trabajos se desarrollaron lentamente, por el inconveniente que no se podía echar abajo la pequeña parroquia que se dejó intacta para no interrumpir los servicios religiosos, mientras a los lados continuaban las obras del templo a base de ladrillos. A principios de 1910, en un nuevo y vigoroso impulso se hizo cargo de la construcción el maestro Jesús Torres, que después de años de lenta labor, le faltó poco para terminar totalmente la iglesia.
El doctor González Puente explica como se construyeron las bóvedas del templo de la siguiente manera:
?Respecto al techo de la iglesia de Guadalupe, su construcción es del tipo conocido como Bóveda Valenciana, que con el tiempo ha demostrado ser eficiente y seguro, consiste en que está formado por pequeños cántaros de barro, todos iguales, colocados bocabajo y pegados con una argamasa con cemento, mezcla pura o con yeso. Esta bóveda se coloca sobre la cimbra de madera que previamente se ha armado, y tiene una gran resistencia debido a su poco peso y la curvatura de los arcos. Cuando los techos se armaron, mucha gente iba a ver esa curiosa manera de construir y se admiraban del ingenio de los albañiles o del arquitecto. No faltó quien pronosticara que no iba a durar, pues se veía débil dicha construcción, pero los años han hecho ver que es de lo mejor. Este tipo de techos se usan en Europa y en Torreón hay algunas construcciones de esta índole. Se calcula que en los techos de la iglesia de Guadalupe hay más de 16 mil cantaritos.? ,
Las obras en el templo se desarrollaron con tropiezos al venirse el movimiento revolucionario, sin embargo a pesar de las periódicas interrupciones, el maestro Torres logró terminar las dos cúpulas brillantes en forma de media granada china. En medio de ellas, sostenidas por gruesas vigas se colocaron provisionalmente las dos nuevas campanas: una grande costeada por el señor Lucio Torres y otra chica por don Antonio Montemayor Las mencionadas campanas fueron fundidas en bronce por el competente campanero señor José María Elizalde, en un corralón abandonado por el rumbo del rastro, en el barrio del Pueblito. Al respetable señor Elizalde le ayudó en la tarea su hijo, el mecánico de la casa redonda apodado El Loco que andaba como tal, corriendo en ruidosa motocicleta por esas calles.
En los días que tuvieron lugar los grandes combates, el templo recibió algunos cañonazos, todavía se notan los impactos de las granadas en las paredes, que también sirvieron de fondo para efectuar algunos fusilamientos de los dos bandos.
Después de la Revolución, continuaron en la iglesia de Guadalupe con los últimos detalles de las obras, y siendo sacerdote el señor José de los Reyes Hernández, el 11 de diciembre de 1924, el templo fue consagrado por el obispo de Durango doctor José María y Valencia. Muchos años permaneció sin terminarse la parte central en donde seguían las campanas pendientes de los gruesos maderos entre las dos cúpulas, hasta que entre los años de 1937 a 1947, el cura José Ángel Andrade que se había hecho cargo del templo, logró que los católicos acomodados cooperaran para levantar la torre de en medio, que se llevó a cabo. La torre o campanario está formado por dos cuerpos y en el de arriba quedaron definitivamente las campanas.
Antaño, en el atrio del templo crecían laureles, otros arbustos y matas, pretendiendo ser un jardín, esto era al frente y a los lados, porque en la parte de atrás era un solar con dos casuchas de adobes arrinconadas y unos árboles extendían su sombra acogedora; rodeaba el terreno una ruinosa barda que se quedó a medio construir y la entrada sin puerta, permitía el paso.
Después del padre Andrade, llegó a hacerse cargo de la iglesia el señor Antonio López Aviña obispo de Durango (1978), y durante su permanencia al frente de la curia local se efectuaron importantes mejoras en el templo. Se colocaron las rejas que en parte lo circundan, se pusieron mosaicos en el atrio donde antes había plantas y arbustos, y en el terreno baldío trasero se levantaron las casas que sirven de oficinas administrativas y de habitaciones a los sacerdotes, por último se colocaron arbotantes en las aceras de las iglesias. Y lo más importante, logró que las autoridades eclesiásticas elevaran el templo a Basílica Foránea de Guadalupe, en medio de festejos y regocijo general. Don Antonio López Aviña ha sido quizá el sacerdote que se ha hecho apreciar más por los habitantes de la población, incluyendo los que no son católicos; su trato amable y atento conquistó a todos.
Bajo las bóvedas de las cúpulas brillantes, están las capillas de sencillos altares y decorosos vitrales, donde se veneran los santos favoritos de los feligreses. Las capillas son dos, una a cada lado de la puerta principal: en la del lado derecho cubierta por las losas del piso está la cripta donde descansan los restos del sacerdote José Ángel Andrade que fueron traídos de Durango, donde falleció el 5 de mayo de 1950; a mano izquierda está la capilla donde antes fue el bautisterio ?todavía se encuentra en el centro la pila donde se echaba agua a los niños en la ceremonia del bautizo? se hallan las lápidas que guardan los restos de don Santiago Lavín, el fundador de Gómez Palacio y los del cura José de los Reyes Hernández que murió en 1935. La tumba del señor Lavín permanece en un rincón, olvidada, tapada con bancas amontonadas, donde raras veces llega la escoba del sacristán.
La Primera Escuela.
La primera escuela que se estableció en la ciudad, fue la que estaba situada por la calle Bárcena, casi frente a la entrada de la fábrica de La Amistad. En 1896 ya funcionaba, y era exclusivamente para niñas. Referente a la escuela, el doctor González Puente apunta lo , que sigue: ?La directora era la profesora Paula Ríos que daba clase a dos grupos, su hija Cuca atendía otro y había otra profesora más que no se recuerda el nombre. El mozo del plantel se llamaba Regino, hombre muy conocido en la ciudad por lo servicial, cuidaba a las alumnas al salir de clases recomen. dándoles que no se fueran corriendo a sus casas, sino despacio. La esposa de don Regino vendía dulces en una mesita durante el recreo como siempre se ha acostumbrado en las escuelas. Las niñas compraban caramelos, paletitas, cocadas, muéganos, melcochas y otras golosinas que valían a centavo cada uno, había algunos dulces que costaban a dos por un centavo.? En 1900, ya existían ?dos escuelas sostenidas por el gobierno. La antigua de niñas que se encontraba frente a la plaza de armas por ?la antigua avenida Hidalgo y era directora la profesora Mariana Araujo ayudada en su labor por las señoritas María Rosales, María Sanmiguel y Francisca Araujo, asistían a clases 168 alumnas. La otra escuela oficial era para niños y se localizaba por la calle Gómez Palacio ?Morelos?, en la cuadra donde después estuvo el almacén de Sordo y Cía., más acá de la cantina El León de Oro que estaba en la otra esquina, en una casa que aún existe con un portón que abre sus puertas medio apolilladas a un taller de carpintería donde se arreglan guitarras. El profesor Ignacio Montelongo que era una persona robusta, fue el director de la mencionada escuela y los otros maestros fueron Francisco Ceniceros y José R. Castañeda; en 1903 ingresó al plantel el profesor Jesús Mena Vázquez haciéndose cargo del segundo grado y había matriculados 118 muchachos.
Ya en ese tiempo había dos colegios particulares: el Presbiteriano a un lado de la iglesia de Nueva Bethel ?todavía se ve por la calle Independencia? sostenido por personas de la religión protestante y a donde acudían 50 alumnos. El otro colegio era el Morelos situado frente a la plaza de armas por la calle Cerviago y tenía matriculados a 25 niños.
Sumando el total de los alumnos que asistían a las escuelas señaladas antes, arrojaban la cantidad de 361, como Gómez Palacio en 1900 tenía más de 10 mii habitantes, se notará que era reducido el número de niños que recibían instrucción. Eso no era de extrañar, porque el gobierno de la dictadura porfirista siempre negó la escuela al pueblo, pensando quizá que los pobres faltos de instrucción era más fácil manejarlos en la explotación que padecieron durante cerca de 30 años.
Es necesario hacer notar el bien que hicieron a los niños de familias de escasos recursos, las humildes escuelitas de los barrios, donde en los zaguanes de las casas, abnegadas mujeres improvisadas en maestras, enseñaban a conocer las primeras letras por medio del silabario de San Miguel, cobrando unos cuantos centavos a la semana por su encomiable labor. Cientos de muchachos se enseñaron a deletrear y a medio conocer los números en esas escuelitas. Los alumnos llevaban de sus casas sillas pequeñas o bancos para sentarse durante la clase y ahí los dejaban; los útiles que usaban era el silabario y después un libro llamado Mantilla, un cuaderno y lápiz, y una pizarra con su pizarrín amarrado con un hilo grueso al marco de la misma.
Molino El Brillante.
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Ocupando un espacio de 2 mil metros cuadrados en la manzana ubicada en la calle Tabernilla entre Aedo y Ampuero, precisamente donde ahora se levanta el cine Roma, estaba el molino de harina El Brillante propiedad de la empresa Enrique Sánchez y Cía. En 1901 el periódico El Popular publicó un álbum, refiriéndose al molino El Brillante, decía lo siguiente:
?Los trabajos de edificación dieron principio el mes de enero de 1898 y se terminaron en septiembre del mismo año, fecha en que se inauguró el molino, al que poco a poco fueron introduciendo mejoras de importancia, hasta llegar a ser como es hoy, el mejor y más importante de la comarca. El producto de harinas de patente, flor de primera, dé segunda, granillo y salvado, es de 18 mil kilos diarios o sea 200 mil en los 25 días que en él se trabaja al mes, haciendo sólo uso de una de las dos calderas de que dispone con una fuerza de 65 caballos de vapor. Este producto puede aumentarse en caso necesario hasta 400 mil kilos mensuales, usando las dos calderas, trabajando día y noche como podría hacerse, pues tiene esa factoría dotación particular de luz eléctrica. En el extremo sur se levanta el edificio con sus paredes pintadas de azul, cortadas de trecho en trecho por grandes ventanas que dan aire y luz al interior del molino, constantemente coronado por torrentes de negro humo que escapan de sus grandes chimeneas. En el patio interior, frente al salón de molienda, se encuentran los almacenes y depósitos de los que salen ya en sacos de diferente tamaño y peso las harinas que son llevadas en pequeñas plataformas que corren sobre rieles de una angosta y pequeña vía que sirve para conducir la carga fuera del molino. El Ferrocarril Central Mexicano tiene un escape de vía ancha que usa para conducir al molino la semilla de trigo y recibirla después convertida en las harinas que se mandan para su venta en diferentes partes del país. En el centro, cercanos a una noria profunda se alza sobre sus armazones de hierro, dos tnques, el pequño dá de beber a
las calderas y el grande surte del preciado líquido a toda la tubería que se ha colocado en los diferentes departamentos del molino para apagar el fuego en caso de incendio, siendo preciso advertír que válvulas, llaves y surtidores de esa tubería funcionaban automáticamente por la presión del calor elevado a una gran temperatura.
El Molino era un edificio de dos pisos y un subsuelo, tenía la forma de un jacalón con techos inclinados a dos aguas.
En el primer piso estaba la máquina separadora de grano, depositos para semilla, cernidores, centrífugas; en el segundo trabajaban las empacadoras, quebradoras, molinos de cilindro liso, la máquina limpiadora, la lavadora y la secadora y en el sotano estaban las calderas y la planta de luz.
La construcción del edificio costó 12 mil pesos y las dos plantas generadoras de fuerza 36 mil.
Al morir el Señor Enrique Sanchez, sus hijos Carlos y Alberto se hicieron cargo de la negociación, continuando el molino El Brillante en actividad por bastantes años, hasta que un incendio acabó con las imstalaciones. El siniestro ocurrió a fines de 1930 o principios de 1931.
Alumbrado Público.
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El 2 de Abril de 1898 se puso en servicio la pequeña planta de luz que proporcionaría la corriente eléctrica para el alumbrado de las calles de la población y la fuerza sobrante se repartiría en algunos comercios y casas particulares del centro. La planta era propiedad de la compañía de tranvías de mulitas y mientras construía su propio local, provisionalmente fue intalada en el sotano del molino El Brillante y puesta a funcionar.
El alumbrado público se producía al encenderse una barritas decarbón dentro de las bombillas, las que estaban sostenidas por cables fijados en dos postes colocados en contra esquina. Con el uso constante las barras se fundían fácilmente, quedando la bocacalle a oscuras, hasta que llegaba el electricista municipal efectuando el repusto; para hacerlo portaba una escalera que recrgaba en uno de los postes, le servía para bajar y subir la lamparas por medio de un cordel que tenía y que el extremo se amarraba de una alcayata fijada a mitad de uno de los postes.
Las lámparas estaban colocadas una cada dos cuadras. Es decir en un crucero había y en otro nó. Las bocacalles alumbradas eran el lugar escogido por los muchachos del barrio para jugar por las noches, al burro obligado, la roña, corre que te dán las doce o la cuarta escondida, corriendo entre densa polvareda , mientras arriba alrededor de la bombilla encendida revoloteaban los insectos nocturnos.
En las bocacalles que no tenían lámpara y por lo tanto estaban a oscuras por las noches, el gendarme o sereno encargado del punto, colocaba en el centro una linterna de luz opaca producida por la llama de una mecha empapada de petróleo. Más tarde, de las diez de la noche en adelante, el sereno con la linterna en una mano iniciaba su ronda nocturna, recorriendo una manzana a la redonda en las cuatro direcciones; el gendarme de otro crucero hacía lo mismo, y así los demás, vigilando en esa forma constantemente la ciudad. Durante el recorrido, los serenos hacían sonar su silbato cada cuarto de hora hasta el amanecer, en caso de dificultades con algún maleante silbaba tres veces pidiendo auxilio a sus compañeros. Cuando a un vecino se le pasaban las copas, el gendarme lo llevaba a su casa porque todos eran sus conocidos y sabía dónde vivían. La policía montada recorría la población especialmente las barriadas donde no había alumbrado público, ni vigilancia
permanente. No cabe duda que ese sistema usado antaño daba sus resultados; la ciudad no quedaba desamparada, los robos eran raros, la gente caminaba segura por las calles y se podía dormir con las puertas abiertas de par en par de las casas en la temporada de calor.
La mayoría de los habitantes por no decir que todos, se alumbraban en sus hogares por las noches con quinqués llamados por la gente aparatos, con velas de cera o estaerina; los puestos del mercado, tendajones y fondas callejeras con cachimbas o mechones de petróleo.
 
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